Una «infiel tendencia a escribir». Entrevista a Pablo Benavente

En el Día del Libro 2017 decidí apostar por la poesía. Género que, he de decir, había tenido bastante abandonado desde (ATENCIÓN) la Feria del Libro de 2015.

Un mes antes había topado por casualidad con Pablo Benavente y su poesía cuando fue invitado a recitar durante un concierto al que asistí. Me enganchó al momento y de haberse encontrado su libro entre el merchandising de esa noche, no tendría que haber esperado 24 horas para hacerme con él.

El día 23 de abril me acerqué a la presentación de su tercer poemario La respuesta es no ser como ellos. Con aforo prácticamente completo, la presencia de Rubén Tejerina a modo de moderador/presentador del evento, preguntas que iban y venían, y un broche de oro que el propio Pablo puso recitando con Luis Fercán a la guitarra, la presentación tuvo un brillo muy particular. Brillo que hizo que el evento me supiera a poco, y decidiera contactar con Pablo para una entrevista días más tarde.

Madrid. 9 de mayo. Céntrico café de precioso techo que rezuma olor a tertulia.

Pablo, más puntual que yo, espera en la barra. Nos saludamos y dirigimos a una mesa para mayor comodidad. Comenzamos a hablar de lo que estamos leyendo, ya que ambos cargamos con libros en ese momento. Una vez nos hacemos con café y zumo de naranja, comienza la entrevista:

En primer lugar, te quería dar gracias por tu rápida respuesta, además positiva. Es un placer tenerte con nosotros en Sensibvs.

El placer es mío

Vale, empezamos desde el principio. En la solapa de la portada de Circo de quimeras comentas que “caíste en la poesía”. ¿Cómo pasa eso?

Porque creo que no es una cosa programada. Al menos en mi caso no es que diga “quiero escribir poesía”. Tenía un blog. Bueno, tuve muchas cosas. El blog es muy reciente y esto es algo que se alarga más en el tiempo. Pero eran vomitones realmente; eran textos donde soltaba lo que no era capaz de entender ni de contarle a nadie, y poco a poco empecé a conocer a gente que hacía algo parecido y que son ahora contemporáneos míos en la poesía, como Escandar [Algeet]. Entonces ni tenía claro lo que hacíamos en realidad. Poco a poco curioseas, empiezas a leer a más autores. Yo empiezo a leer poesía adrede y con ganas con unos 17 años más o menos. A Ángel González, que fue mi punto de inflexión. Y entonces vi que realmente la diferencia entre lo que yo hacía y lo que hacía Ángel – salvando distancias – era que él le daba una intención, una musicalidad, un formato bonito, estético al texto. Y no lo vi como algo descabellado, y aparte fue algo que encontramos todos a la vez. Sin querer estábamos haciendo algo parecido a la poesía, y no era una cosa que tuviéramos planeada ni nada por el estilo. Por eso digo que “caí”.

¿Cuándo te das cuenta de que la poesía es más que Bécquer, más que Rimas?

Pues fue un poco antes realmente porque yo creo que lo malo que tiene la poesía es cómo se enseña. Igual que la filosofía cuando se enseñaba, y que la historia. Poca gente lo disfruta o lo sabe transmitir. Cuando en literatura yo di poesía, de Bécquer no pasas prácticamente. Quizás te toca un poquito Lorca; quizás, pero tiene que gustarle al profesor mucho. Pero bueno, se ciñen a lo que va a entrarte en el examen y pasan de lo demás.

Entonces parece que la poesía es una cosa que pasó: hubo X personas que hicieron esto, que se hacía así, con esta métrica, con esta rima, y no te cuentan que es una cosa que haya continuado o evolucionado, ni nada. Yo di con Ángel González de rebote, y pensé: “Oye, esto no se parece en nada a lo que me han enseñado en el instituto. Esto me gusta, me apetece leerlo”. Pero por mucho que Bécquer sea un referente en todos los aspectos, a mí me parece un poquito pesado leerlo.

Demasiado, para mi gusto.

[Risas]

Yo creo que lo único que me gustó de ese temario fue “La canción del pirata” de Espronceda, y fue porque era sobre un pirata, no por otra cosa. Y bueno, creo que falta eso, el contarlo como algo que no haya muerto, que sigue vivo. Quién sabe, igual si me lo hubiesen contado así no habría tardado hasta los 17 o los 18 en consumir poesía, o en intentar hacerla, sino que habría sido una pasión desde más pequeño. Es una cosa que encontré más tarde.

¿Y tú te das cuenta de que lo que tú haces es poesía, o lo haces intencionadamente a raíz de ese punto de inflexión?

A ver, la poesía tiene una parte de intencionalidad obligatoria aunque sea muy difuso el límite de qué es y qué no es poesía.  La poesía inevitablemente tiene que tener algún ritmo, o una métrica, o una rima, o una intención de transmitir o de jugar con el lenguaje. Eso no te sale solo; por mucho que tú o que yo vomitemos textos con todo lo que se nos ocurre, si ese texto no tiene la intención de, por ejemplo, que el lector le dé cierto ritmo, cierta música, no es poesía. Es prosa poética, o prosa, o como quieras verlo. Entonces una parte de intención siempre tiene. Es el querer imitar. Cuando yo leía a Ángel González era una canción en mi cabeza, era como: joder, qué bonito poderle decir eso a alguien. Que llegues a la poesía sin querer, vale, pero una vez que estás dentro de ella no se puede hacer sin querer.

¿Cuál es el primer poema que recuerdas haber escrito? Pero no el que hayas escrito, el que recuerdes.

Uno del que reniego por completo. [Risas] Se llama “Morir no suena tan mal”. Lo escribí con 17 años, 18 quizás, por ahí. Se lo escribí a Sara, la primera pareja que tuve y no recuerdo exactamente en qué momento se me ocurrió la idea, pero era la idea de de repente no verte con nadie a querer envejecer con una persona, y decir, visto así, no suena tan mal. Fue ese el enfoque que le di, pero vaya, que reniego por completo de él ahora. Es otra persona.

El día de la presentación estuvisteis hablando del tema de la inspiración. Te preguntaron por el alcohol y demás, cómo influye eso en el proceso creativo, y una de las cosas que tú respondiste es que se poetizan momentos que realmente te quedan en retina.

En mi caso por lo menos sí

¿Para ti esos momentos qué son? ¿Imagenes, ideas?

Supongo que las dos cosas. O ninguna de las dos. Puede que sea algo que ves con otra persona, puedes vivirlo tú, o puede ser incluso una conversación. Por ejemplo en esta conversación puede que toquemos un tema que diga: “Oye, pues no lo había enfocado así”. Y eso es lo que se te queda. En mi caso por lo menos es de donde saco la primera frase y después construyo el resto de la idea. Y bueno, lo del alcohol y demás son atenuantes. Es más, yo considero que se tiene que hacer una gran parte sobrio. Estando borracho tiene su parte graciosa, vale, pero creo que tienes que darle una seriedad, leerlo al día siguiente estando sobrio y corregirlo, retocarlo o incluso darle el visto bueno, que puede ocurrir también.

Y que hay sobre el humor. O sea, el tema de la  tristeza es como un topicazo, pero qué hay del humor.

¿El humor en la poesía? Yo no lo practico en absoluto. No soy capaz de hacerlo. Creo que además es complicado porque ya entramos en lo que tú consideras qué es o no es poesía. Yo por ejemplo considero que un poema de humor está más cerca de un monólogo cómico o de un texto teatral que de una poesía. Aunque después entro en conflicto conmigo mismo porque digo que la poesía lo único que tiene de especial es que quiere transmitir algo, y la risa o la alegría también son sensaciones y deberían valer. Pero bueno, quizá es lo poco que tengo de la herencia clásica de la poesía: que digamos que del primer trovador o del primer juglar se separó al bufón y se separó al poeta oscuro escondido bajo una capucha. Pero en fin, que yo soy incapaz de hacerlo. Toco muchos temas, no sólo el desamor, pero la cómica no.

No ha llegado

Pero conozco gente que lo hace muy bien. Aunque claro, siempre entro en el conflicto que mencionaba antes.

Aparte de la literatura, ¿qué otras artes pueden llegar a inspirar?

Todas a las que te abras. Yo ahora mismo trabajo en un teatro y me hubiera gustado consumir teatro antes. El teatro, la ópera eran un mundo que no conocía y que ahora me inspira muchísimo. Consumo mucho y me da muy buenas ideas.

La literatura en todos sus aspectos siempre: novela y poesía; nunca he sido de cerrarme a ninguno de los dos estilos. De hecho, necesito leerme a la vez tanto poesía como novela. Me aburre tener solo un libro que leer; me canso. También la música. Creo que hay una diferencia entre un poema y una canción, pero tienen un fondo común muy importante, y la música siempre ha sido algo a tener en cuenta en mi poesía.

¿Dónde escribes?

En casa siempre

A la hora de escribir, de inspirarte, ¿qué condiciones crees que son las más beneficiosas en cuanto a entorno?

Depende. Yo he visto a gente muy buena hacer de todo. De estar en un recital en el fondo del bar escribiendo y hacer una maravilla. Yo soy incapaz. Yo necesito una soledad, una intimidad muy particular. Tengo que estar solo, así que suele ser de madrugada, también para no molestar a nadie, y con música bajita de fondo. Y además no me vale cualquiera, tienen que ser X autores: Quique González, Nacho Vegas, Warren Zevon. Tengo muy pillados los que no me distraen pero me ayudan también a la vez. En parte porque los tengo tan escuchados que no me paro a analizarlos, y me canaliza muy bien. Y bueno, fumar o beber como decíamos antes son atenuantes al fin y al cabo. Hay veces que sí apetece y otras veces que no. No es un ritual.

¿Escribes a mano?

En Microsoft Word.

¿Cómo eliges la forma que das al poema, visualmente hablando?

Eso es lo más complicado de retocar. De hecho yo creo que nunca se termina de retocar porque he tenido poemas que he metido en libros, y a lo mejor cuando el poema llevaba dos años escrito sin tocarlo, lo cambié cincuenta millones de veces. Creo que lo más complicado del poema en sí es que la persona que lo lea, lo lea igual que lo lees tú. Que con el ritmo, las pausas, cuando lo lea en su cabeza le dé la intención que le das tú. Entonces es una cosa muy complicada de conseguir, que además pocas veces se consigue: la estética, los saltos de verso, las pausas, las comas o los puntos que te permites la licencia de quitar para darle un ritmo al poema. Es lo más complicado de hacer. La parte estética es jodida.

Antes me mencionabas a Ángel González como punto de inflexión a la hora de leer poesía, y algo que también comentaste en la presentación es que siempre se empieza emulando a alguien. ¿A quién empezaste a emular? ¿A él?

Emular a Ángel era complicado porque aunque nos queda cerca es otro tipo de vocabulario por completo. En el sentido del ritmo quizá sí lo intenté un poco, pero no en el lenguaje ni nada parecido. Sin embargo, ahora sí que creo que tengo influencias más notorias en ese aspecto que cuando empecé. Ahora mis puntos de apoyo por completo a la hora de escribir poesía son Ana Pérez Cañamares y David González. Para mí son las personas a las que tengo la envidia sana. De decir “ojalá hubiera escrito yo la mitad de lo que han escrito”. Y también la admiración y la certeza de saber que nunca lo haré. Son personas que conozco además, les tengo un cariño brutal y para mí compartir escena con ellos es un honor increíble.

Releyendo lo que has escrito, ¿hay veces que ves como que le haces eco a otra persona o que te haces eco a ti mismo?

A mí mismo muchas veces, y a otras personas alguna vez también. Por ejemplo en La respuesta es no ser como ellos hay un poema que escribí a mi pueblo – a La Línea – y cuando lo leí otra vez me di cuenta de que aunque cuando lo escribí no era consciente, no lo hacía adrede, es una cosa que no habría escrito sin David [González]. Es un tema que él toca mucho: sus raíces, el despego o el apego que pueda tenerle a la familia, a donde nació, donde creció, donde le pasaron las primeras cosas buenas y malas. Y es un tema que yo nunca había tocado antes, ni de esa forma. Entonces tanto la crudeza como el tema en sí es completamente una herencia suya, y por eso el poema está dedicado a él, porque me di cuenta de que sin él ese poema no habría existido nunca.

¿Y qué sientes cuando ves que te haces eco a ti mismo?

Me cabreo. [Risas]  Me cabreo porque creo que repetirse una y otra vez más que un error es un abuso. Y cuando ya publicas libros es abusar del propio lector también. No voy a repetirte lo mismo otra vez. No quiero decirte lo mismo otra vez porque no quiero reírme de ti en cierto modo, o no tomarte en serio. Supongo que ese es el motivo por el que todo el mundo empieza a escribir cada vez menos, o eso quiero pensar. En mi caso por lo menos es así. Ya necesito una cosa muy puntual que no haya dicho antes o no desde ese punto de vista, o no tan claro, o a lo mejor en un estilo completamente opuesto. Si no, no lo escribo.

Si a lo mejor antes por cada relación que tenía escribía veinte poemas de amor y veinte de desamor, de mi última pareja no escribí nada. Y no es ni mejor ni peor, pero qué iba a decir: “Buah, he conocido a alguien que me ha puesto la vida patas arriba”; lo he contado veinte veces. “Lo hemos dejado por incompatibilidad, porque mi mundo es muy complicado de llevar. Tú quieres una cosa, yo quiero otra”; también lo he contado veinte veces. De hecho creo que lo único que escribí sobre el tema era precisamente sobre el hecho de no escribir sobre el tema, en “Nuestra historia no cabe en los poemas tristes de amor”. Creo que es importante no repetirse, por lo menos en temática. A mí me gusta mucho no decir lo mismo dos veces, aunque imagino que no todo el mundo lo hace igual.

Cuando lees un poema que ha escrito otra persona y dices “Esto es la hostia”, ¿qué te pasa por la cabeza? ¿Qué sientes?

Admiración y envidia, por completo. Es inevitable, supongo. Me pasa mucho con David [González], con Ana [Pérez Cañamares], con Gata [Cattana]. De hecho mi última reflexión sobre el tema es la frustración. Últimamente tengo una época de odiar el mundo, sobre todo el círculo este. No voy a decir a los lectores, porque me parece una falta de respeto por completo, pero tanto a autores como a todo lo que lo integra. Y es porque creo que no somos consecuentes con lo que hacemos en ningún aspecto. Estamos viviendo patrones que no son los que defendemos, y hay algo más que se me escapa.

Por ejemplo, yo en la presentación leí a Ana [Pérez Cañamares], y creo que es la única presentación a la que yo haya asistido en la que se leía a otra persona. Pero lo leí porque, yo qué sé, si una persona ha venido a verme a mí, quiero que sepa que yo vengo de aquí y de aquí. En mi cabeza por lo menos tiene sentido que si te gusta leer a una persona, debería gustarte por lo menos curiosear de dónde viene esa persona. Yo cuando leo a un autor que me gusta y veo las citas que pone antes de los poemas, o sus dedicatorias, cotilleo. Voy más allá porque al fin y al cabo es ramificar y buscar de dónde viene, que debería gustarte o por lo menos llamarte la atención porque alguien que admiras viene de ahí.

Dos días después de mi presentación Ana Pérez Cañamares leyó gratis en Aleatorio, un bar que el miércoles iba a estar lleno por el micro abierto. Éramos catorce personas. De las catorce a cuatro las llevaba yo a ciegas, no sabían a lo que iban. Yo me cabree ese día. No entendía. Mucha gente en la presentación me preguntó por la chica del poema. Parece muchas veces que es más el detalle de interesarte de cara a mí a de verdad llegar a casa, o a una librería y buscarlo. Y me cabree muchísimo, y lo que hice fue abrir un blog y empezar a compartir poemas de otras personas que me parece que no tienen la difusión que se merecen en el público actual. Sobre todo porque algunos venimos de ahí. Una persona que me sigue y que por lo menos no haya curioseado eso, ¿qué es lo que le interesa de mí? Porque algo falla, no me cuadra. Y bueno, por eso estoy un poco frustrado. Como yo no soy capaz de no hacerlo con el resto de gente que yo admiro, no sé por qué la gente no lo hace conmigo. O qué no hago yo. A lo mejor hago algo mal.

En el momento que me firmaste mis libros, bromeé diciendo que quería los tres libros firmados para cuando mis nietos estudiarán la generación del 2000. Si hipotéticamente existiera esa Generación del 2000, ¿te gustaría estar en ella? ¿Y qué nombres te gustaría que estuviesen en esa lista?

Buena pregunta. A ver, si me gustaría estar, por supuesto. Eso es ego básico. Sobre todo porque en el momento en que escribes algo o compartes algo pretendes hacerlo póstumo a ti. ¿Con quién me gustaría estar? A ver, soy una persona muy complicada en el sentido de que soy muy juez, tanto conmigo como con los demás. Por ejemplo no me gustan los autores cuya vida no se parece a lo que van por ahí proclamando. Me gusta la gente honesta, la gente que no ha perdido de donde viene, y es una cosa que a veces escasea.

Generación del 2000… También es una cosa complicada de cerrar, porque por ejemplo últimamente cada vez que nos engloban meten a Carlos Salem con nosotros, y tiene bastantes años más que nosotros. Y por ejemplo para mí Ana [Pérez Cañamares] y David [González] ya están en otra liga. Quizá les ha venido bien la situación actual de la poesía, pero ellos llevan haciendo poesía muchísimos años. Si es por el momento generacional, pues Escandar Algeet sin duda. Es de los pocos que para mí no ha fallado en ninguno de esos puntos; Diego Álvarez Miguel, me parece buen poeta; me encantaría Miguel Floriano, me encantaría Alberto Claver, Bárbara Buragueño, Alejandro Salse, Sergio Fanjul, Rubén Tejerina, y la verdad que poco más. Por proyección veo a mucha gente, pero claro, es algo muy hipotético.

Algo que también mencionabas en la presentación es el “boom” de la poesía, que es guay en cierto modo. Normalmente en mi época, en la tuya, no se veía a adolescentes leyendo poesía.

No, claro. De hecho todo lo contrario. A ver, es una cosa en general positiva, pero que también tiene su parte mala, como todo. Sobre la parte buena discutía esta mañana por Twitter precisamente. Se critica mucho a muchos a autores; autores que no me gustan, pero a los que me he visto defendiendo muchas veces. Esta mañana era Defreds. Para empezar Defreds no escribe poesía, él está harto de decirlo en las redes, y en su libro pone prosa poética. Son textos, son microcuentos, son como quieras llamarlo. Su público no soy yo, ni quien lo criticaba esta mañana. Tiene un público que es mucho más joven, y no creo que a él le suponga un problema. Creo que él sabe cuál es su público, y a ver, mucha gente hace literatura infantil o juvenil y no por ello es mejor o peor. De hecho creo que es una habilidad. Yo sería incapaz de escribir algo que no fuera para que lo leyera yo. Que sí, que igual es poca calidad, pero también es como quieras verlo. Es poca calidad si lo mides con una vara para ti. A lo mejor si lo piensas como lo que te hubiera gustado leer con 14 o 15 años te parece incluso complejo. Creo que no es malo: es quien es, hace lo que hace, le gusta, lo lleva bien. No hace nada mal, no copia a nadie, no fastidia a nadie. Si una de cada cien mil personas que compra ese libro por ver la editorial después se compra a Felipe Benítez Reyes, o porque por error lo relacionen a él con la poesía empieza a leer a Luis García Montero o algo así ya es una victoria. Es una persona que está leyendo a García Montero en vez de estar viendo “Mujeres y hombres y viceversa”, o cayendo en Crepúsculo y Cincuenta sombras de Grey, y queriendo ser la de A tres metro sobre el cielo. Son anomalías que tienen su parte mala, pero que tienen potencialmente muchas mejores cosas que hacer que malas. ¿El peor de los casos cuál es? ¿Que se quede en Defreds y no salga de ahí? Bueno, imagino que cuando tenga 20 años le sabrá a poco, y en ese momento o deja de leer o encuentra otros autores. Pero bueno, que se tenga el hábito de leer con 15 años era algo que no era tan común hace nada. Ahí no hace daño a nadie.

Tengo opiniones distintas sobre otros autores, pero es por cosas que ya he dicho antes: la falta de honestidad en lo que haces. Pero Defreds creo que, aunque a mí no me guste lo que haga, – porque no me gusta, porque entiendo que yo no soy su público – hace más bien que mal. Hay más error por parte de la editorial o la librería a la hora de meterle en lo más vendido de poesía. Creo que la crítica viene por ahí y es una cosa que se le escapa a él porque como he dicho en el libro se dice que es prosa poética.

¿Cuándo es el primer momento en el que te das cuenta de que lo que haces tiene un impacto en otra persona?

Cuando le di importancia de verdad fue cuando hice el blog público. Yo tenía un blog anónimo y de repente una chica de Argentina comentó: “Es justo lo que quería leer. Gracias”. Y es cuando te das cuenta de que lo que tú publicas para ti y para cuatro que ni siquiera saben quién eres de verdad puede hacerle un bien a alguien, hacerle sentir que no está solo. Y a partir de ahí miles de ejemplos parecidos.

El primer borrador que tuve de Circo de quimeras lo hice deprisa y en una tarde porque una chica me contó que iban a operar a una amiga suya al día siguiente, que le encantaba leerme, y estaba acojonada. Me pidió si podía tener un detalle con ella y no se me ocurrió otra cosa que juntar un montón de textos, meterlos en un Word, darle una portada cutre y mandárselo. Ese fue el primer borrador que tuve de un libro, y fue pensando que podía alegrar a alguien en un momento complicado.

O cuando hacemos el “Dime qué hago” Luis [Fercán] y yo, y vemos a alguien llorar, o a alguien acercarse después a darnos las gracias, o muchas veces no las gracias, sino a decirnos “qué mal rato me acabas de hacer pasar” [Risas] El transmitir, el emocionar a alguien te hace darte cuenta del poder que tienes y de la repercusión de lo que haces.

Volviendo a Circo de quimeras y la selección que haces. También comentaste en tu presentación que en esa época hacías los micros abiertos y demás, y que alguien te propuso pasar del blog, del recitar, al libro.

Sí, bueno, no fue con los micros abiertos, pero fue cuando empecé con los recitales y tal. Empecé a moverme mucho, a venir mucho a Madrid y con las personas con las que más trato tenía y más compartía escenario era con Escandar [Algeet] y con Marcus [Versus] – editor de Circo de quimeras y editor de Escandar -, y después de un par de años haciendo eso es cuando surge la conversación.

La selección es de cuando tenía 18 o 19 años, y no cogí nada posterior aunque lo publiqué con 23 porque creo que un libro tiene que tener más significado que lo que tenga dentro sin más. Lo bueno que tiene Circo de quimeras es que cuenta una etapa muy concreta, cronológicamente muy cerrada, y si hubiese metido cosas posteriores quizá habría poemas mejores, pero habría sido un caos. Es un libro que apenas leo ahora porque me parece otra persona por completo tanto en ideas como en forma de expresarlas. Es un libro que en su momento fue lo que yo quería hacer, que está donde tiene que estar, y que me alegra haber hecho. Nada de lo que ha pasado después existiría sin él.

¿Y cuál es el proceso de selección en los otros dos poemarios?

Ya es más adrede, más planeado. Y lo que hago actualmente también lo es. Es decir, que si hago cinco poemas, tengo muy claro el rumbo que van a tener. Supongo que una vez empiezas a publicar empiezas a ver más en formato libro que en formato blog, o en formato poema suelto.

De Circo de quimeras has dicho que era otra persona. ¿Pero cómo de diferentes son los Pablos que hay detrás de Izar la negra y La respuesta es no ser como ellos?

Son dos años de diferencia, no hay mucha diferencia de un Pablo a otro realmente. En Izar la negra ya tenía una forma de ver el mundo más hecha, más como soy ahora, con respecto al amor, a mis principios, a como quiero ser. En Circo de quimeras era un adolescente, no sabía qué quería hacer o defender en mi vida.

Pero creo que la diferencia que hay entre Izar la negra y La respuesta es el tema que tocan. Izar es un canto a la libertad, a que mucha gente se dé cuenta de las libertades que no tiene a la hora de relacionarse con otros, a la hora de verse a uno mismo, de decir lo que piensa, de ser honesto, de aceptar lo que ha hecho o dejado de hacer. Y con La respuesta es lo contrario; es una búsqueda de identidad propia. De hecho es un libro que es muy complicado de leer en recitales, y me estoy dando cuenta últimamente a la hora de presentarlo porque si Izar se presta mucho a recitales, a leer lo que te dé la gana, o incluso a mezclarlo con canciones como hice en su presentación, con este poemario pasa todo lo contrario. Son muchos poemas cortos, muchas ideas muy concretas, e incluso los poemas más largos no son musicales, sino introspectivos. Son poemas de darles dos vueltas y decir: “Hostia”. Por mucho que me guste el poema “Raíces”, el que es sobre mi pueblo, es un poema que no puedes meter en una canción de nadie. E incluso leerlo en sí es duro, no es agradable.

Pero bueno, también es la finalidad que tiene. Igual que en Izar quería ir clamando a los cuatro vientos, este quiero que se lea en casa más tranquilamente. Son proyectos distintos.

¿Qué consejos le que darías a tu yo de Circo de quimeras?

Que dejara de ser un capullo. Lo era sin querer serlo y sin darme cuenta, pero lo era. Como todos a esa edad, supongo. Que dejara de ser tan egoísta. Por ejemplo, con respecto al amor, lo leo ahora y me aterro de lo que llegaba a pensar. Tenía esa imagen de la posesión, de he perdido algo, me han quitado algo. Y que abriera miras, pero bueno, creo que es una gilipollez porque todos a esa edad no tenemos esa capacidad de ver fuera de nuestra carcasa. Seguramente le daría consejos de adulto que posiblemente mi yo de Circo de quimeras se pasaría por el forro de los cojones, así que…

[Risas]

Una de las formas en que más transmites es recitando, cosa de la que no todo poeta, por muy bueno que sea, puede presumir.

Tampoco creo que eso sea un problema. Es decir, creo que simplemente es algo que no se hacía antes. La mitad de los autores consagrados ahora no tenían esa costumbre. Si buscas a García Montero, creo que hay seis vídeos en YouTube. Tampoco creo que sea obligatorio. Hay otros tantos autores que han quedado para la posteridad y no se les puede escuchar en ningún lado.

De todos modos, el rapsoda es una cosa y el poeta es otra. Hay mucha gente de hecho que se dedica a lo primero y ni siquiera escriben poesía propia, sino que leen poesía de otros y son muy, muy buenos. Es otra habilidad, es algo interpretativo.

Yo valoro mucho cuando un autor se lee a sí mismo, aunque lea mal y esté tapándose la cara con el libro, porque le da un enfoque, una intención, una emotividad que es la original del poema. Yo no me quiero aprender mis poemas de memoria porque no conozco a casi nadie que los lea de memoria sin exagerar y sin que no me suenen creíbles. Vale, mola mucho en el show directo, pero me creo más a una persona que está con el libro y el puño cerrado. Creo que lo está viviendo más que la persona que se está viendo obligada a gesticular para transmitir más. También hay gente que lo hace muy bien, pero para eso está el slam de poesía.

No es obligatorio el saber leer bien. Es cierto que se agradece especialmente para montar eventos. A mí me gusta mucho, y ojalá hubiese sabido tocar la guitarra y poder de vivir de conciertos toda mi vida. Y trato de mejorar y encontrar una experiencia más completa a la hora de leer porque me quiero dedicar un poco a eso. Por eso estoy continuamente montando recitales, giras, movidas; ahora con músico, ahora con otro poeta y ahora solo. Pero porque me gusta esa vida. Hay otras personas a las que no, que prefieren la estabilidad de una ciudad y no salir de ahí, y escriben de puta madre y no por ello tienen que tener la presión de tener que leer bien. Si lo defiendes así, nadie puede reprochártelo. Distinto es que quieras estar en un punto medio y no hagas ninguna de las dos cosas bien.

¿En qué momento te das cuenta de que pasas de un hobby a una cosa seria?

Posiblemente recién publicado Izar la negra. Yo no me esperaba para nada el éxito del primero, ni la mitad. Pero quizá fuera un poco por la distancia con el libro. Con Izar la negra empecé a hacer conciertos-recitales, y a poner entrada. Cuando ves que la gente está pagando por ver lo que estás haciendo también le das un toque serio. Yo en ese momento dejé de beber durante los conciertos, porque soy consciente de que cuando llevo tres copas no vocalizo igual. Si estoy haciendo que la gente pague por lo que hago, por lo menos tomármelo en serio yo. También empecé a organizar más conciertos, más movidas, a ver el impacto que tenía en la gente, cómo había gente que lo disfrutaba de verdad. Y me sentí tan realizado al estar encima de un escenario, al ver la cara de la gente cuanto leía algo o cuando recitaba. Por ejemplo, con el poema que tengo con Luis [Fercán], había momentos de flipar, de callarme y que la gente siguiera el poema, y yo ponerme a llorar en el escenario y pensar: ¿qué está pasando? Entiendo que os sepáis la canción, ¿pero el poema también? ¿De verdad?

Fue un día además que nos bajamos de la Galileo, me dio un abrazo Luis y me dijo: “Estamos haciendo lo que tenemos que hacer”. Y es verdad. Es la sensación de que una parte de mí ha nacido para esto en cierto modo. Por desgracia es muy complicado todavía dedicarse a ello íntegramente, pero vamos buscando poquito a poco la forma.

¿Cuál has sido el momento que más te ha llenado en tu carrera literaria?

Cuando conocí a David González, el momento en que pasa de ser un autor al que admiro muchísimo, al momento en que le mando un mensaje diciéndole “Hola, soy tal, tú seguramente no me conoces pero me gusta mucho lo que haces. Voy a publicar esto, aún no sé ni cuándo ni con quién, pero me encantaría que me hicieras el epílogo. Léetelo, si no te gusta no pasa nada”. Y cuando me respondió y se mostró participativo, comenzó a compartirme. Hace poco, de hecho, me mencionó en una entrevista. Y para mí, que es mi padre literario, mi persona a tener en cuenta, es una sensación increíble. Que una persona que significa tanto para ti sea recíproco y te devuelva esa admiración o ese apoyo, te cambia por completo.

¿Y tu mayor reto?

Separar lo personal de lo profesional en el tema de los libros. Como siempre fue una cosa que era un hobby, en el momento en que publicas un libro, eso es un contrato, es un producto, e innegablemente hay algo detrás. Entonces separar las amistades que tenía por entonces de profesionales con los que trabajaba; o el momento en que empiezo a trabajar con dos editoriales a la vez, que tampoco es fácil. O cuando empiezas a ver que un colega tuyo de cuando nadie tenía libros publicados, que no es tan lejano en realidad, de repente pasa de lo que haces, no comparte nada de lo que haces y te das cuenta de que todo ha cambiado mucho. Antes nadie creía en la poesía, pero nos queríamos muchísimo entre nosotros. Todo lo que se publicaba se compartía, y ahora no se hace nada de eso. Es un momento complicado el darte cuenta cómo no hemos estado a la altura de lo que nos caía encima. Yo el primero. Ha sido todo tan repentino y tan inesperado que de tener quinientos seguidores en Twitter, uno se desligue de los demás, tenga doscientos mil millones de seguidores, venda cien mil libros y parezca que no se acuerde de ti. Es frustrante. Creo que es muy complicado separar el producto de la persona y terminas haciéndote imágenes de las que no sabes cuál es la real, si la de antes o la que se ha descubierto con lo otro. Supongo que lo más complicado de la poesía es el mundo de la poesía. La poesía en sí es preciosa, no tiene nada malo, pero como en todo, en el momento en que funciona es cuando empieza a salir la parte mala.

La poesía es preciosa, dices. ¿Y para qué sirve la poesía?

No me sé el poema de verdad, pero había una frase de García Montero que decía algo así como: “La poesía no vale para nada, sólo para conquistar a una muchacha o decapitar a un rey”, o algo así. Ridiculizaba el no vale para nada, pero puede conseguir esto y esto. Creo que la poesía es un estilo artístico que siempre ha estado entre dos aguas. No era un ensayo, no era un texto periodístico, pero no pasaba por los mismos filtros. Qué pasaba, pues que muchos autores han tenido un gran factor social para denunciar su época o para dejar constancia de ella gracias a esa clandestinidad. Ha pasado también con la música o con la pintura incluso. Es un arte que permite ser más libre con ciertos temas, y vale mucho para hacer pensar a la gente. Para transmitir sobre todo tu rabia en temas políticos y sociales, que es muy fácil hacerlo ahora en el sentido de que todo el mundo va a empatizar con ellos, y le da un plus muy fuerte al mensaje ya que no sólo te estoy diciendo una cosa, sino que te transmito mi rabia, cómo me siento yo, y a ver si tú eres capaz de percibirlo así y darle más importancia. Es nivel escritor experto, algo que no se consigue fácil, pero a lo que aspiramos todos.

¿Tienes un nuevo proyecto de libro a la vista?

Muy, muy lejos. A corto plazo para nada. Como decía antes, si con 23 publiqué Circo de quimeras, que era hasta los 18; después con 24 o 25 publiqué Izar la negra que era hasta los 25, y ahora con 27 he publicado La respuesta que es hasta los 27. Ahora es la primera vez que estoy sin un montón de poemas apilados que no sé qué hacer con ellos. Los que no tengo elegidos ahora los he desechado, y los que tengo que me gustan irán a un proyecto nuevo. Pero bueno, de aquí a que lo termine no tengo prisa ninguna.

Lo malo de haber trabajado estos dos años es que no he sacado los libros de Madrid prácticamente. Ahora dejo el trabajo y creo que voy a aprovechar para darle un tiempo de vida a Izar la negra y La respuesta es no ser como ellos. Creo que tienen un buen mensaje tanto juntos como por separado y me los quiero llevar a muchos sitios. Y con lo que viva con esa experiencia seguiré escribiendo para el nuevo. Lo único que tengo claro es que quiero que esté más cerca de Izar que de La respuesta, sobre todo en el mensaje. A lo mejor cambio de idea en dos días o en cinco meses, pero por ahora es lo que pienso.

Y para terminar, nuestro cuestionario sensitivo:

Un sabor: ácido

Un olor: canela

Una imagen: el mar

Una sensación: melancolía

Un sonido: Warren Zevon

*          *          *

Mil gracias, Pablo, por tu tiempo, tu honestidad, y por una conversación tan deliciosa tanto on como off the record.

Si queréis ver a Pablo Benavente en acción, estas son sus fechas y actuaciones más próximas:

* Concierto/recital junto a Luis Fercán: 26 de mayo en Las Palmas (entradas a la venta aquí); 27 de mayo en Tenerife (entradas a la venta aquí)

* Presentaciones: 2 de junio en Fnac de San Agustín, Valencia; 16 de junio en Fnac de Arenas, Barcelona

* Firma de libros en la Feria del Libro de Madrid. Fechas y casetas aún por confirmar.

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