Wave Goodbye. 20 años sin Jeff Buckley

Hoy se cumplen 20 años sin Jeff. 20 años no es nada, dice la canción. El caso es que hace precisamente 20 años, leí por casualidad, entre las reseñas de música de una revista, una mención al primer disco de Jeff Buckley, Grace (papel que todavía conservo junto con una entrada de Spin Doctors), hablando de la preparación del que hubiera sido su segundo disco de estudio, My Sweetheart the Drunk (posteriormente Scketches for my sweetheart the drunk, al quedar inconcluso), publicado póstumamente. No decían mucho en aquel par de párrafos, pero fue suficiente para decirle a mi hermano que, si iba a alguna de las tiendas Tipo, me comprara aquel CD que prometía ser la joya de mi discografía personal (y sigue siéndolo). Algo me decía que ese muchacho con aspecto angelical, al que, según mi parecer, se le veía un tanto incómodo con ese look de crooner trasnochado elegido para la portada, sería un regalo para los oídos. Así ocurrió. Mis 1400 pesetas, ahorradas durante bastante tiempo, habían valido la pena. Cuando tuve el CD en mi poder, escuché atentamente una primera vez el CD en silencio, y otra vez… y después otra vez más. Era realmente adictivo. Ese artista total, que componía letras y música, con una voz de matices exquisitamente delicados,  e influencias que iban desde el blues más genuino a la ópera o la música coral medieval,  era una verdadera delicia. El hombre que hizo de su voz el instrumento musical más hermoso, y que fue capaz de expresar con sus falsetes de soprano, los sentimientos que también reflejó en su poesía, con un carisma desgarrado y perlas salpicando sus canciones  del tipo «You are the tear that hangs inside my soul forever» o «My kingdom for a kiss upon your shoulder» sonaban como un sentido lamento que puede conmover hasta al más insensible. 

grace jb

«Just like the ocean, always in love with the moon», es una imagen de una de sus canciones, que me traslada a una relación pura e intensa, la que tuvo con Elizabeth Fraser, vocalista de Cocteau Twins, con la que escribió una bella pieza inacabada,  que no debió filtrarse en internet, pero lo hizo -por suerte- y que regalaba imágenes de intensa emotividad y sentimientos a flor de piel: «All flowers in time». Fraser supo de la muerte de Jeff, tras años distanciados, mientras grababa «Teardrop» con Massive Attack, después dio un parón musical para volver tímidamente años más tarde.

Jeff Buckley iba más allá de ser aquel que hizo la popularizada versión de Hallelujah de Leonard Cohen o el autor de la música que se usó en la intro de Dead Zone. La música le venía de casta. Su padre, Tim Buckley fue un artista amado y odiado, referente en el mundo folk musical que influyó a artistas realmente dispares. Él también murió joven, pudiéndole incluir prácticamente dentro del Club de los 27.

Después del descubrimiento que significó para mí Grace, le siguieron el resto de discografía publicada póstumamente, con rarezas, directos y colaboraciones, hasta llegar al disco editado el año pasado, You and I, con las primeras grabaciones que hizo para Columbia Records, descubiertas en los archivos de SONY Music, y que abrió el debate sobre si es realmente leal publicar material que los artistas no consideran que vaya a ver nunca la luz (no hablamos de conciertos, sino de pruebas de discográficas).

La influencia de Jeff caló en artistas  que le dedicarían sus elegías sonoras, como Rufus Wainwright, PJ Harvey o el recientemente fallecido Chris Cornell. Sería por aquella misma época en la que descubrí a Buckley, cuando también caería rendida ante la poderosa, personal y potente calidad vocal de Chris, quien fuera gran amigo de Jeff y otros artistas del panorama grunge, que fueron desapareciendo tristemente (como Jerry Cantrell o Kurt Cobain)  le dedicaría a su amigo Jeff Buckley su primer disco en solitario, Euphoria Morning, y en especial la canción “Wave Goodbye”. 

Dos grandes voces, dos grandes talentos, dos grandes sensibilidades que se fueron con música, concretamente con sendas canciones de Led Zeppelin ( “Whole lotta love”  e “In the time of dying” ) para acompañarles en su triste y prematuro mutis.

jeffb187

Placa conmemorativa. Memphis Zoo.

***

Imagen: Buckley homenajeando a The Smiths

Sonido: el público en un concierto

Gusto: the wine of the ages

Tacto: las cuerdas de una guitarra

Olfato: café del Sin-É

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