Inapropiados e inapropiables: artistas negros y afrodescendientes en España

Una pregunta se hace recurrente entre las páginas de Inapropiados e inapropiables: ¿de qué forma el arte se vincula con el activismo? ¿Puede la creación artística generar cambios frente a realidades injustas? No todas las respuestas son iguales. Cada quien tiene sus propios recorridos vitales y sus procesos creativos, pero muchos coinciden en la reivindicación de su compromiso: que se escuche la voz de los artistas negros y afrodescendientes en España.

Mar García, profesora de literatura francesa de la Universidad Autónoma de Barcelona, se propuso investigar y recopilar los testimonios de algunos artistas que hacen vida en España y que, pese al bombo que ha ganado últimamente el arte africano, siguen siendo desconocidos por mucha gente. El resultado es un libro que aborda una gran variedad de géneros artísticos —pintura, escultura, danza, música, actuación, escritura— y que reflexiona sobre complejidades como el racismo, la identidad, los conceptos sobre la africanidad y el arte, la inspiración.

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“El hecho de que sea un libro, es muy importante simbólicamente. Hay que diversificar los lugares desde donde hablan los propios artistas”, dijo Mar García en la presentación de la obra en Madrid, el pasado 18 de mayo. Y, precisamente, al cederle la palabra a los protagonistas, se pueden escuchar testimonios que cuestionan y que resultan incómodos para el statu quo.

Por ejemplo, está esta frase de Yeison García López, politólogo, activista y poeta, nacido en Colombia y radicado en España desde muy pequeño: “La diversidad, la multiculturalidad… Esas cuestiones les permiten no tener que hablar de desigualdad. Se trata de etiquetas renovadas, pero, en el fondo, se sustentan por la lógica de siempre: un asimilacionismo maquillado. Piensan que, por el hecho de que haya una diputada negra, ya se ha solucionado el problema”.

O esta reflexión de la actriz Silvia Albert Sopale, del conocido monólogo No es país para negras: “Cuando oigo ‘tolerancia’, me cuesta no oír también: ‘Bueno, va, voy a hacer un esfuerzo’. Eso ya implica que existe una desigualdad de facto. Prefiero ser respetada en igualdad de condiciones a ser tolerada”.

¿Artista vs. inmigrante?

Entre la gran cantidad de reflexiones que ofrece este libro, hubo una que me pareció especialmente poderosa: la necesidad de abandonar esa asociación entre “negro” e “inmigrante”. En primer lugar, tal como señala Mar García en la introducción, muchos negros y afrodescendientes son nacidos en España, por lo que, desde el principio, la generalización es incorrecta. A eso se suma la naturaleza transitoria del término “inmigrante”: significaría decir que quienes han llegado de otras latitudes nunca podrán terminar de establecerse ni de afianzar su sentido de pertenencia al lugar en el que viven ahora.

“¿Hasta cuándo me seguirán viendo como el ‘inmigrante que acaba de llegar’? ¿Hasta cuándo voy a estar llegando? ¡Este viaje no se acaba nunca! Cuando me preguntan si estoy integrado, no sé qué responder. Quiero que alguien me explique por qué tengo que estar definiéndome todo el tiempo”, se pregunta el actor Babou Cham, nacido en Gambia y establecido en España desde los 14 años de edad.

Otros artistas se hacen planteamientos similares. Gilbert-Ndunga Nsangata, director de cine y teatro, nacido en Brazzaville, República del Congo, destaca la importancia de dar a conocer el arte de su país para luchar contra los prejuicios: “El problema es que, cuando nos ven por la calle, si nos ven, nadie piensa que podemos hacer otra cosa que trabajar en la construcción”.

Y está el escultor senegalés Ibrahima Seydi, que vende sus creaciones en las calles de Barcelona, y que fue apresado por resistirse a la autoridad cuando lo echaron del lugar en el que trabajaba. “Cuando nos dicen que no podemos vivir de lo que sabemos hacer, y que tenemos que vender piezas en serie o depender de otras personas para sobrevivir, nos engañan. Yo quiero demostrar que sí es posible”.

En un momento en el que ganan protagonismo los discursos políticos contra la migración —especialmente la africana—, vale la pena revisar este tipo de obras para recordar que, detrás de las cifras, el sufrimiento y el prejuicio, hay individuos que cuestionan, aportan y crean. 

Una imagen: el blackface, la práctica racista de pintarse la cara de negro, que se denuncia en la portada del libro.

Un sabor: una mesa que combine el maafe, el fufú de plátano y una cerveza Made in Spain.

Un olor: la pintura sobre el óleo o la madera recién tallada.

Una sensación: las ansias de justicia.

Un sonido: los ritmos alegres de la banda Ogun Afrobeat.

 

Ariana Guevara Gómez

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