El dolor infinito

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“No desaparece nunca pero cambia, se atenúa. Y, al final, llega un momento en el que incluso consigues ser feliz a ratos”.

Esta es la historia de un dolor protagonista. De un ciclón de emociones que le agitará hasta dejar temblando los cimientos de su consciencia. Si no se siente con ganas de ser asolado, pare usted de leer en este punto. Si decide quedarse, sepa que ninguna de las palabras aquí recogidas alcanzan a expresar la magnitud y la brutalidad de lo que “Los universos paralelos” puede hacerle experimentar.

La obra narra una de las tragedias más duras a las que puede enfrentarse el ser humano. La pérdida de un ser querido de forma accidental. No hay justificación y, por lo tanto, no hay consuelo.

Una familia de clase media se enfrenta a la muerte del hijo pequeño, atropellado por un coche cuando corre detrás de su perro. Un accidente del que acabarán siendo víctimas también sus padres, su abuela, su tía y el conductor que guiaba el coche ese día.

¿Se puede volver a ser como antes después de una tragedia así? Esa es la pregunta que se hacen los protagonistas en un ejercicio de exorcismo en grupo, en el que cada uno de los miembros de la familia vive y afronta de forma diferente su propio proceso de duelo, pero del que solo salen reforzados manteniéndose unidos.

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El texto de David Lindsay-Abaire (Boston, Estados Unidos, 1969), con el que ganó el Premio Pulitzer de teatro en 2007, retrata uno de los miedos más primitivos del ser humano pero no lo hace desde el victimismo ni desde la lágrima fácil sino desde un profundo amor por la vida.

Cada uno de los personajes afronta el dolor a su manera, como sabe o como puede, porque un mismo mal tiene muchas caras e incontables formas de manifestarse. En el rostro de un padre que quiere ver una y otra vez los vídeos de su hijo, en el desgarro de una madre que quiere desprenderse de cualquier objeto que hubiera pertenecido a él, en la palabras incontenidas de una abuela que quiere recordarlo a toda costa… No son sino las diferentes manifestaciones de un sufrimiento terrible y compartido que lo permea todo. Que se les ha metido en los huesos y del que todos necesitan escapar para seguir vivos. 

¿Cómo se siente el dolor en la piel, en la ropa que llevamos puesta, en la voz? Eso parece querer decirnos Malena Alterio a través de sus dos manos inútiles que se pasan el día entre flan y tartas pero que, enfrentadas a la tragedia, no quieren salir de los bolsillos. O Belén Cuesta, incapaz de contener los mechones de su pelo en un moño que se hace y se deshace cada cinco minutos. Porque nada encaja, nada está en su sitio desde que ocurriera el accidente y el dolor se ha apoderado de todo el espacio habitable de esta casa.

A David Serrano, responsable de la adaptación del texto y de la dirección, hay que agradecerle la elección de una puesta en escena sobria, pero llena de detalles, el haber sido capaz de crear una atmósfera equilibrada. Una casa acogedora en la que se respira dolor. Un espacio en el que puede volver a entrar la luz aunque las persianas lleven meses bajadas. Los elementos, estratégicamente seleccionados, también tienen su papel en la historia. La nevera, la mesa, el sofá, un robot de juguete que emite ruidos insoportables… Elementos no escogidos al azar que tienen algo que decirnos. 

Las transiciones, muy logradas, ayudan a mantener el ritmo en ese perfecto equilibrio entre la comedia y el drama. Como en una terapia en la que el conductor lleva a sus participantes a manejar sus emociones tal y como quiere.

Y los actores elegidos cumplen con los objetivos terapéuticos a la perfección. Malena Alterio y Daniel Grao, el matrimonio protagonista de unas vidas hechas trizas, bailan y se desplazan sobre las tablas movidos por la culpa y la nostalgia, secundados por la ironía y el descaro de Carmen Balagué y Belén Cuesta. Completa el reparto el joven Itzan Escamilla, en el papel del conductor que busca expiar su culpa reencontrándose con la familia del niño al que ha atropellado.

Hasta llegar a la curación. Porque “Los universos paralelos” es precisamente eso, un canto a la vida, a la superación de las dificultades y a la vuelta a la felicidad. Cada uno de los protagonistas, a su manera, recorrerá su propio camino de expiación, se enfrentará a sus culpas y a sus miedos, y a partir de ahí, todos encontrarán el consuelo que les permitirá seguir vivos.

Al final, cuando el espectador salga del teatro, una lágrima correrá por su mejilla y no sabrá si está llorando o riendo. O quizás las dos cosas.

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Ficha técnica

Teatro Español – Sala Principal

Los universos paralelos, de David Lindsay-Abaire

Del 20 de septiembre al 15 de octubre de 2017

Versión y dirección: David Serrano

Intérpretes:

    Malena Alterio – Patricia

    Daniel Grao – Alberto

    Carmen Balagué – Lola

    Belén Cuesta – Lucía

    Itzan Escamilla – David

Horario:

    De martes a sábado 20h. Domingos 19h.

Precio:

    Entradas de 5 a 22€. Espectáculo incluido en abono de temporada

Duración:

    1 hora 45 minutos (sin intermedio)

http://teatroespanol.es/451/los-universos-paralelos/

CARMEN PLIEGO

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