Paterson: Poesía de lo Cotidiano

PATERSON

Director: Jim Jarmusch.

Guion: Jim Jarmusch.

Fotografía: Frederick Elmes.

Reparto: Adam Driver, Golshifteh Farahani, Kara Hayward.

País: Estados Unidos.

Duración: 113 minutos.

Año: 2016.

 

Poesía de lo cotidiano

Jim Jarmusch vuelve a estar en forma. La película que ha dirigido le sitúa nuevamente en un lugar destacado dentro del panorama cinematográfico actual. Si bien es cierto que sus películas nunca son comunes, no todas son igual de acertadas. Con Paterson sí ha dado en el clavo. Las resonancias de la poesía de William Carlos Wiliams son la guía que sirve para dejar constancia de ese “idioma americano” que promulgaba el poeta. La escritura de la cotidianidad, la poesía como necesidad fisiológica.

La historia está perfectamente estructurada. Sigue un diario expositivo en la vida del matrimonio protagonista. Él es un conductor de autobús que escribe poesía y ella es una mujer con sueños constantes. El apoyo que existe entre ambos no es empalagoso. Hay algo en ese respeto mutuo. A todo ello se une la poesía que Paterson escribe en los descansos de su trabajo. Jarmusch recurre a un planteamiento cíclico para mostrar ese día a día. Siempre hay pequeñas variaciones en la rutina que consiguen que el metraje avance sin resultar reiterativo.

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Todo se introduce con un extraordinario plano cenital que siempre da origen al día. La dirección y el empleo de unos planos maravillosamente cuidados sirven para constatar una perfección formal que se instala en un estilo tan depurado como elegante. Filmar la rutina es algo que nunca es sencillo y más si atendemos a una película en la que no suceden grandes acontecimientos, pero es precisamente ese detalle el que consigue que la cinta resulte tan eficaz.

En su jornada laboral, Paterson escucha conversaciones de pasajeros como un oyente privilegiado de las rutinas ajenas que incorpora en su día a día. ¿Qué sabemos de los personajes? Poco. No hay necesidad de conocer cómo fue su pasado. Unas fotos pueden indicar que quizá tuvo un pasado como soldado. De hecho, su forma de proceder −tras una avería en su autobús− sigue una disciplina muy propia del ejército. Su manera de dar las indicaciones y de ordenar a las personas son pequeños detalles que sitúan al personaje. Adam Driver y Golshifteh Farahani componen una original pareja. La entelequia es otro de los elementos que siempre está presente, pero no resulta excesiva. Paterson escucha y apoya cualquier idea de su mujer. La ternura es ese elemento que siempre acompaña a las acciones. El empleo de planos secuencia también se integra perfectamente en la rutina diaria. Se agradece que la historia aporte elementos humorísticos como puede ser la relación del propio Paterson con el perro de su mujer. Hay celos y poca camaradería entre ambos pero, aun así, le saca a pasear y habla con él. Nuevamente, hay un empleo de los mismos planos en ese paseo al bar para degustar la cerveza diaria en compañía de los parroquianos. Las escenas del bar son muy buenas. Tampoco suceden grandes cosas, pero hay poesía, ajedrez, estrategia, pasión, dolor y relajación. ¿De qué modo puede enfrentarse Paterson a complicaciones inesperadas? Un incidente que hay en el bar es resuelto por él de un modo efectivo. Se intuye de nuevo ese pasado como soldado que aparece en determinados momentos que suman a lo ya ofrecido por el personaje. Combinación que se podría considerar espiritual, si atendemos a lo escrito por Williams, en lo que a reflejar un lugar como Paterson se refiere. Ese aspecto ambicioso de querer combinar la vida con una radiografía del lugar por el que se transita consigue que el mensaje que pretende transmitir Jarmusch llegue sin interferencia alguna. Los poemas aparecen escritos en pantalla y en ocasiones van acompañados de imágenes superpuestas de cataratas o parajes idílicos.

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Los personajes secundarios que aparecen nunca son excesivos. El compañero de trabajo se presenta de un modo muy interesante en toda esa desgracia familiar que le acompaña. Paterson no juzga, solo escucha y respeta. Hay una actitud romántica de Paterson hacia el no futuro tecnológico. Los poemas son de Ron Padgett. Están perfectamente integrados en el estilo de Williams, pero sin parecer un plagio en sí mismo. Consiguen imprimir dinamismo y dulzura sin empalagar. Las conversaciones están muy medidas y nadie habla porque sí. Jarmush ha manejado muy bien ese tempo interno para dotar a la película de un metraje cercano a las dos horas, que no agota.

Paterson campea por lo íntimo sin resultar nunca indiscreto. Lugar repleto de poesía que el propio conductor adapta a su día a día sin miedo. ¿Por qué escribir? No hay nada como la escritura. Ni quiera hay un anhelo de llegar a algo más con ella. No es una historia de insatisfacción laboral. Son siete días en los que la poesía consigue que las vidas renazcan. No hay un exhibicionismo del yo. Conseguir esa mesura es el acierto mayor que tiene una película que avanza de un modo firme. Mención especial merece la conversación que mantiene el propio Paterson con un poeta japonés: “la poesía traducida es como tomar una ducha con impermeable”.

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La fotografía, el montaje y la banda sonora se unen en una composición tan agradable como exenta de pedantería. Jarmusch sigue teniendo mucho que contar y con Paterson ha conseguido la que quizá sea su mejor película de la última década.

Gusto: Cúrcuma

Imagen: Tu paladar

Olor: el de la Gasolina

Sonido: Thelonious Monk

Tacto: tu sandalia.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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