Sleep, 8 horas durmiendo con Max Richter

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Cuando me enteré que Max Richter venía a Madrid, no me lo pensé ni un instante: tenía que ir a su concierto. Aún deseé asistir con más ganas cuando supe que interpretaría de manera íntegra “Sleep”, su composición musical más larga, 8 horas concebidas para ser escuchadas de noche, y a ser posible tumbado.

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Entré en la web de los Veranos de la Villa, organizadora del concierto, para hacerme con las entradas. Sorpresa enorme: las entradas sólo cuestan 20 € (e incluyen desayuno), una auténtica ganga sabiendo que en otros países las entradas llegaban a superar los 100 €. Gran decepción: las entradas ya estaban agotadas, había llegado tarde… Triste, lo comenté con mi pareja, que iba a ser mi acompañante, y lo dejamos estar.

08.07 Max Richter_Sleep_Vivid Live SOH_credit Prudence Upton 06 (2)

A una semana del concierto, recibo una llamada. Un conocido vende dos entradas por no poder asistir. No me lo pienso dos veces, y me hago con ellas.

– Oye, por un giro del destino… ¡al final vamos a ir a ver a Richter! – le comento a mi chica. La ilusión es desbordante.

El concierto se celebraba en La N@ve, una especie de hangar diáfano. Llegamos temprano, y ya hay gente esperando para entrar. Veo a gente MUY EQUIPADA: edredones, almohadas, e incluso pijamas. Nosotros vamos con ropa cómoda, dos cojines y un par de mantas.

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Al entrar vemos que el espacio está dividido en secciones de moquetas de colores. Dejamos nuestras mochilas en la consigna, cargamos con nuestras cosas, y nos dirigimos a la moqueta que nos corresponde. Aún queda una hora para empezar.

Disfrutamos del momento previo. Vemos a la gente que llega, se acomoda y comenta lo extraño/mágico de la experiencia: un concierto que dura 8 horas, concebido para hacerte dormir, y que vas a disfrutar rodeado de más de 300 personas.

23:00 horas. Los músicos ya han entrado, también el propio Max, que saluda y explica lo que vamos a vivir. “See you on the other side”, nos dice al final.

Se sienta en el piano y comienza la música. Los rumores han terminado, el silencio es sepulcral. Diría más: la comunión entre todos los que estamos allí y la música es completa.

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Escucho los primeros acordes sentado, prestando atención. Poco a poco, la somnolencia se apodera de mí, me tumbo junto a mi pareja ya acostada, y durante un rato miro al techo, donde las luces de colores tenues, especialmente preparadas, nos acompañarán también durante todo el concierto. Me relajo aún más, y entonces sucede: pierdo la noción del tiempo. No sé si me he dormido, cuánto he dormido, si ha pasado mucho o poco tiempo. Me niego a mirar la hora, todavía no, aún no. Mi mente vuela, y sueño ¿despierto? con cosas que no consigo recordar, pero de las que soy perfectamente consciente.

4:45 de la mañana. Abro los ojos, con la sensación de estar descansado. Me incorporo. Richter está en el piano, una mujer canta. A mi alrededor la gente duerme de manera plácida, incluso oigo algunos ronquidos. Mi pareja se despierta también. Nos sonreímos, bebemos un poco de agua, disfrutamos un rato sentados de la música. El sueño vuelve a arroparnos, y volvemos a tumbarnos. Mi mente vuelve a vagar nuevamente y el tiempo deja de existir una vez más.

6:30 de la mañana. Al despertarme miro la hora, se acerca el final. Quiero disfrutarlo. Me siento y veo como a mi alrededor la gente comienza a despertarse lentamente. A falta de pocos minutos para el final, como por arte de magia, todo el mundo está ya despierto. Las luces del techo acompañan de manera cromática a la luz del Sol, que ya entra por el ventanal que hay justo detrás de los músicos. El momento tiene algo de místico, algo de mágico. El silencio al final de la música se rompe con los primeros aplausos, que se transforman en una gran ovación que se mantiene durante algunos minutos, provocando que los músicos y Max Richter salgan a saludar nuevamente.

La gente a nuestro alrededor comienza a recoger. Nosotros estiramos un poco, hacemos lo mismo, y vamos a por el desayuno. No dejamos de mirar las caras de la gente: todos parecen muy felices, como si algo hubiese cambiado en su interior.

Muy probablemente haya sido así. A nosotros nos pasó.

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Un sonido: todo.

El resto de sentidos estaban soñando.

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