¿Qué te inspira Vivian Maier? (VII)

PASADO RECONCILIADO

 

El local estaba a reventar. Era un local pequeño, rectangular, pero estaba totalmente abierto a la calle por dos de sus lados. Dos enormes cristaleras que hacían de paredes estaban completamente abiertas y permitían el flujo de gente, personas entrando y saliendo de forma aleatoria y pausada, el mismo  ir y venir continuo y estancado con el que se mueven las gotas de tormenta sobre un suelo de piedra.

El concierto era gratuito, y eso explicaba en parte que hubiera tanta gente. Pero él estaba convencido de que si el local fuese cinco veces más grande y hubiera que pagar entrada, estaría  también lleno. Muchas canciones de The Maze eran parte fundamental de la banda sonora de la vida de varias generaciones.

Se paró frente a una de las paredes inexistentes y sus oídos recibieron la música como un lago largamente seco acoge el agua de una lluvia anhelada. Las notas y la voz del solista se transformaron en corriente eléctrica cabalgando por cada centímetro de piel. Los murmullos de toda la gente de alrededor desaparecieron con la misma contundencia con que cambia un escenario en un sueño.

Recordó imágenes, olores, risas, sonidos. Cerró los ojos un momento para escuchar mejor. A Juana también le encantaba The Maze. En cada uno de aquellos numerosos viajes que hicieron juntos, era lo que más sonaba. Recorrieron kilómetros y kilómetros de carreteras conduciendo con The Maze a todo volumen, entre conversaciones y silencios compartidos, cantando, riendo, interpretando las miradas el uno del otro… Incluso justo en el momento del accidente sonaba una de las canciones de The Maze preferida por ambos: Trying the life. “Probando la vida”.  A él esta siniestra paradoja siempre le había parecido una casualidad demasiado cruel como para ser cierta… durante muchos meses esa idea le estuvo atormentando, le llegó a obsesionar.

Abrió los ojos con cierta inquietud y se esforzó por ver al cantante. Le encantaba la canción que estaban tocando. Era la primera vez en tres años que escuchaba de nuevo una canción de The Maze. Volvió a sumergirse en la música. Su memoria liberada le devolvía tantas imágenes reconfortantes de aquel pasado feliz con Juana… parecía ya tan lejano… Sonrió con nostalgia y alegría. La tristeza siempre acechaba, pero no permitiría que le estropeara este momento. Siguió sintiendo la música.

De repente, una chica desconocida se colocó a su lado. Al cabo de unos minutos sus brazos se rozaron levemente. Un torrente de electricidad o de música, quién sabe, saltó de un brazo a otro. La chica no rehuyó el contacto. Las manos de ambos estaban muy cerca, una casi al lado de la otra. La música lo envolvía todo. De forma natural, las manos se acercaron más. En algún momento, uno de los dos (a día de hoy él es incapaz de decir quién… o tal vez fueran los dos al unísono…) entrelazó los dedos en la mano del otro. Ni siquiera se miraron, ni siquiera se hablaron, hablaba la música. Las manos cobijadas la una en la otra, las notas fluyendo, la vida detenida… así continuaron largo rato. Nada importaba, salvo el calor de una mano, la soledad diluida, el resguardo de la música, el pasado reconciliado, la sensación de flotar… Así continuaron, largo rato.

Miguel Casasola

 

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