Abrazo, de Alfredo Domeño

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Cien poemas. Cien abrazos.

Con esas palabras se podría resumir el contenido de la maravilla con la que, en forma de poemario, nos deleita esta vez el músico y artista Alfredo Domeño: Abrazo.

Cien abrazos que a lo largo de 141 páginas hablan, estremecen, duelen, curan, reafirman sentimientos, recomponen, reinician. A veces todo junto, y a veces por separado, pero que con una fuerza común llegan, como reza su dedicatoria, desde sus entrañas a nuestro corazón.

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Sin título o numeración, de libre formato, y algunos de ellos acompañados por ilustraciones de Mari Hop, los poemas que componen Abrazo narran vivencias, pensamientos, certezas. Temas comunes y a la vez esenciales que Alfredo Domeño poetiza, y cuyos versos te acompañan en un paseo, un café o una copa de madrugada.

Abrazo reivindica el amor. Un amor intenso, explícito y directo que en sus distintas facetas trae consigo alegría e ilusión, nostalgia y tristeza, dolor y emoción. Porque como afirma Andrés Calamaro en su prólogo “Siempre es amor”.

El pasado viernes Alfredo Domeño pasó por Madrid para presentar su libro en El Espacio (Calle Sierra Carbonera, 32), y lo hizo acompañado de otros artistas que añadieron risas y melodías al encuentro: Kutxi Romero, Eduardo García Martín “Luter” y Pedro Fernández Razkin.

Kutxi Romero, peón de albañil – como él mismo se presentó – se encargó de abrir el evento con honestas reflexiones acerca de la poesía, el mundo que la rodea, los (algunos llamados) poetas, y los círculos literarios. Su amistad y admiración a Alfredo Domeño también formaron parte de esta presentación, que siguió con el de Berriozar recitando algunos de los poemas (45, 51, 74, 75, 91 y 108 – numeración de acuerdo a su página -) que componen Abrazo.

Alfredo Domeño fue más breve. Tras agradecer la presencia y el interés de los presentes, recitó su poema 66, y pasó a “dar el cante” junto a Kutxi Romero y Luter, que sumaron su voz, su guitarra e incluso una armónica a temas de grandes como Enrique Villarreal “El Drogas”, Andrés Calamaro, Rosendo Mercado o Antonio Vega. La guinda del pastel la puso “Opio”, tema incluido en el Que nadie sabe ni espera (2013) de su grupo Escarabajos, y que Alfredo entonó con Pedro Fernández Razkin a la guitarra, poniendo así fin a una magnífica velada llena de emoción, poesía y buena música.

Alfredo: fue un placer leerte y abrazarte. Sigue garabateando y regalándonos versos y canciones.

* * *

Un sabor: el de la cerveza ‘La Vallekana’

Un olor: el del verano, del poema 16

Una imagen: sonrisas. Por todas partes.

Una sensación: emoción

Un sonido: la armónica de Kutxi

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